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miércoles, 4 de mayo de 2011

Sanxia haoren (=Naturaleza muerta) (Jia Zhang Ke, 2006)


¿Cómo mostrar las vicisitudes del capital? Es este un dilema acerca de la representación que recorre toda la historia del cine (y el teatro) de izquierdas: desde Einsenstein y sus metáforas a Brecht y sus parábolas; desde las farsas del Groupe Dziga Vertov o de Fassbinder hasta las fábulas de Frank Capra, o los melodramas de Ken Loach.

Jia Zhang Ke adopta, en este sentido, una opción radical: el capital sólo puede, y debe, ser mostrado -al menos, cinematográficamente- a través de sus ruinas. De sus vacíos.

Así, Sanxia haoren no es otra cosa en realidad que un amplio catálogo de vacíos y silencios que el desarrollo del capital ocasiona en la existencia humana (y -se vislumbra- en su sociedad). Dos historias levemente interrelacionadas, algunos personajes secundarios en común, dos protagonistas perdid@s, en una tierra en radical transformación... La cámara encuadra grupos y edificios, ceremonias y esperas, personajes reflexionando y sufriendo en silencio. La cámara muestra (pero no demuestra): deja ver, tan sólo.

El capital aparece, así, como el reverso de la existencia: vidas humanas apiladas, momificadas, como base del monumento (a nada). Las emociones humanas, las acciones, como meros incidentes, casi irrelevantes, en la historia. (Cuando menos, así son mostrados, por Jia Zhang Ke.)

Acaso sea necesario que -como ocurre en China- la transformación social esté iniciándose, para que aún sea posible percibir con lucidez, desde una mente aún no (del todo) colonizada, cómo la sociedad del capital es, en el mejor (peor) de los casos -en su formulación utópica-, una sociedad sin seres humanos, en ningún sentido relevante del término.




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